Dicen las lenguas sabias que cuando dos personalidades fuertes se cruzan, ambas quedan marcadas la una con la otra. Esto fue lo que sucedió entre Fidel Castro y Ernesto Guevara, más allá de las diferencias que hayan podido tener y hayan generado algún distanciamiento entre ellos llegando al final de la vida del Che.
Mucho se le ha criticado a Castro el haber abandonado a Guevara en su lucha encarada en Bolivia; los más osados dirán que ha sido un “entregador” porque no pudo aceptar el carisma que unía al Che con el pueblo, cosa que no ha quedado demostrada. Solamente sobrevuela el manto de la sospecha.
La admiración que el argentino sintió por el líder cubano queda fuera de toda discusión. Desde aquella vez que se encontraron por primera vez en México en ese tren, supieron que la vida de ambos era pasión para combatir, porque ambos pensaban que la lucha armada sería el único motor para darle equidad a la sociedad.
|